La importancia de descansar para mantener tu salud física y emocional

Date un break: Tres cosas que puedes hacer para descansar y reducir el estrés.

Lo mejor de las vacaciones es que no tenemos que correr. Que no hay hora ni lugar en el que tenemos que estar. Bajar el ritmo de la cotidianidad nos vuelve más livianas, aligera el temperamento y aumenta la vitalidad. Cuando tienes tu propio negocio es difícil desconectarte y realmente tomar vacaciones. Para mí “las vacaciones” son un estado mental que nos permite disfrutar de todas esas pequeñeces que dejamos pasar de largo porque “no son prioridad”.

A veces pensamos que debemos trabajar muy duro para merecernos un respiro. Cuando en realidad olvidamos que el descanso es tan importante como alimentarnos bien, dormir lo necesario y ejercitar el cuerpo regularmente. El descanso se refiere a un reposo, la quietud o una pausa que se hace en medio del trabajo u otra actividad.

Vivimos tan estresadas que los beneficios de dedicarnos este espacio son enooormes. El descanso aumenta la energía y el deseo sexual, estimula la creatividad, mejora las relaciones interpersonales, aclara la mente, desarrolla la autoestima y el sentido de amor propio, disminuye las presiones diarias y la sensación de angustia, y lo más importante es que permite que los procesos de autosanación del cuerpo se lleven a cabo.

Es posible darse un descanso en casa. Solamente se requiere de nuestra voluntad para hacer una pausa y entrar en ese estado mental de calma, sin prisa, sin grandes hazañas que lograr ni tantas expectativas que cumplir.

Lo que se necesita es el deseo de regalarse ese tiempo para una misma, para lo que más nos apetezca. Obvio esto no quiere decir quedarse en el sillón en pijama viendo la televisión durante todo el día comiendo papas. Hablo de conscientemente elegir una actividad que no forma parte de nuestro trabajo, rutina o deberes diarios para alimentar nuestro espíritu y poder relajarnos.

Te comparto algunas ideas para darte unas vacaciones de la rutina desde la comodidad de tu casa:

  1. Toma un baño de sol. Que sea durante 15 minutos antes de las 10:00am. Protege tu rostro con un sombrero y tu piel con bloqueador. Elije uno amigable con el medio ambiente. La luz solar estimula la producción de vitamina D, la cual es esencial para la absorción de minerales como el calcio, hierro, zinc y magnesio. Además mejora el ánimo. Ponte tu bikini y aplica “Acapulco en la azotea”.
  1. Medita. No tienes que ser una yogi consumada ni una guru oriental para practicar la meditación. En mi experiencia, meditar se refiere a un estado de atención que te permite centrar la conciencia en el presente. Disminuye la ansiedad, elimina la neblina mental y permite balancear las emociones. Además de que te pone en contacto con tu sabiduría interior.

Para empezar elije un lugar lejos del ruido, siéntate cómoda con la espalda derecha, coloca tus brazos a los lados y tus manos sobre las rodillas. Respira profundo. Inhala, exhala. Pon toda tu atención en tu respiración. Y luego respira, respira, respira. Si deseas una meditación guiada te recomiendo las de Deepak Chopra.

  1. Lee un libro. No un blog ni un artículo de tu revista favorita en línea ni un post en Facebook. Lee un texto que no requiera de un dispositivo más que el papel. No importa si es gordo o flaco. Te invito a que elijas un libro impreso a la antigüita. El olor de las hojas, la sensación del peso y la textura del papel al tacto te darán una satisfacción inigualable. Uno de mis favoritos es Mujeres de Ojos Grandes de Ángeles Mastretta.

En fin, haz un picnic en tu jardín, escucha tu música favorita, toma una siesta, toca la guitarra, practica tu hobby, haz el álbum de fotos que siempre tienes intención de hacer pero no has empezado, saca esas agujas de tejer que guardas desde Navidad cuando te propusiste a aprender a usarlas, prepara tu comida favorita, date tiempo para salir a correr. Lo que sea, pero hazlo. Tu salud física y emocional es lo más importante. ¡Es tiempo de descansar!

Desde la azotea,

Rocío

© 2015 Rocío Río de la Loza

Lo que aprendí de Deepak en la cama

Es tarde ya. Debí de haberme ido a la cama hace unas dos (tal vez tres) horas. Medio lampareada por la luz de la pantalla sigo tecleando como una profesional gracias a mis clases de taquigrafía en secundaria… taka taka taka ta… sin dejar de mirar la compu mis dedos tocan una sonata… taka taka taka ta… se oyen las teclas a toda velocidad. Me detengo al escuchar un ruidito/quejido/ronquido de alguno de los niños. Paro la oreja y me quedo quieta como una estatua. Falsa alarma. Regreso a la música inspiradora. Creo que he escuchado la misma canción de Norah Jones como tres veces. Me recuerda a mis días en Plymouth, a mi amiga Yurena, a las desveladas y los eternos essays durante la maestría.

Los ojos me arden, la espalda me duele, los dedos están cuasi entumidos, mis hombros un poco encogidos y siento las piernas pesadas, como si tuviera esas bolas de los presos amarradas a los tobillos. Sé que estoy ensanchando la capacidad de mi cuerpo más de lo que debiera, pero siento que tengo que terminar ésto. Hubiera querido tomarme un café pero resistí la tentación un par de veces. Miro de reojo la lista de pendientes, con tintas de colores puedo leer las tareas que había planeado para hoy, tacho con placer las que he logrado y suspiro por las que todavía están ahí esperándome a ser ejecutadas. Checo en mi agenda lo que tengo para mañana. Había olvidado la reunión de la escuela…. Y la cotización del nuevo proyecto… ¡Qué suerte que lo apunté! Pienso mientras re-escribo otra lista para mañana en un pedazo de papel reciclado.

Cierro mi compu. Me sirvo un vaso de agua y subo arrastrando un poco las pantuflas. Recuerdo que no hice el lunch y me siento tentada a regresar a la cocina, pero pienso que mejor me levanto un poco más pronto mañana. Reviso que los niños estén bien tapados, les doy un besito, apago la luz del pasillo y silenciosamente entro al cuarto. Tropiezo con el cable hasta llegar al baño. Me miro al espejo y digo – híjole me urrrrrrrrrge cortarme el pelo. ¿Qué es eso? ¡Una cana! ¡Qué horror! Recorro mi rostro con las manos. Ni hablar del bigote…

En fin, después de mi night-time routine entro cuidadosamente en la cama. ¿Dónde dejé mi celular? Me pregunto mientras recorro a oscuras con la mano el buró de mi lado. Comienza a sonar la voz de Oprah Winfrey. Mi marido, quien se había ido a dormir no mucho antes que yo, se despierta, se acerca y me abraza mientras intento bajar un poco el volumen. Una musiquilla de fondo acompañan las palabras de introducción de Oprah y después viene la sabiduría de Deepak Chopra. Cierro los ojos, tratando de concentrarme, de respirar como lo sugiere Deepak, pero me doy cuenta que es probable que me quede dormida. Rápidamente vuelvo a abrir los ojos. Por la ventana alcanzo a ver una luz de un coche que pasa. Y por un momento, mientras respiro profundo, siento el nudo en la garganta.

¿Lo lograré? Me pregunto acerca de mi carrera profesional. ¿Lo estaré haciendo bien? Cuestiono mi maternidad. Y luego comienzo a torturarme con mis pensamientos. No inventes, me ha crecido cañón la chuleta (mientras me pellizco la cadera). Tengo que jugar más con mis hijos. Soy una mala madre. No puedo dejar de ir a mis clases de tenis, sino ¿cómo? nunca voy a avanzar. Y más vale que me compre algo nuevo porque no puedo seguir saliendo con fachas de Doña Florinda a hacer ejercicio. Chin, no apunté llamar a la dermatóloga para revisarme el lunar… ¿qué tal si me da cáncer? Pienso aterrada por un segundo. Y de ahí me arranco con una ola de ansiedad. Me invade la duda y el temor. Lo que más me aterra es morir sin haber alcanzado MIS METAS. El reloj sigue avanzando y siento que todavía me falta una eternidad.

Hace poco había leído que “no somos lo que logramos sino lo que superamos” y me había sonado razonable. Dije, pues sí, no te mides por tus logros sino por los obstáculos que superas. Pero mientras estoy ahí hundida en mi cama, sintiéndome que no soy capaz de nada, que moriré antes de lograr TODO eso que quiero lograr, escucho la voz de Deepak que dice “That is not who you are”. Y de pronto siento que se dirige directamente a mi persona. ¡Me está hablando a mí! Está metido en mi cama, entre mis sábanas, diciéndome “eso no es lo que eres”.

Me grita… tu verdadero Yo es un ser de amor, de luz, perfecto, en paz, que vive conectado a la gratitud y a la abundancia, que tiene fe, continúa diciendo. Ufffffffffff siento un gran alivio. Se me escapa una lagrimilla: ESO NO ES LO QUE SOY. No me definen los roles ni el desempeño que tengo como hija, hermana, esposa, madre, amiga, estudiante, profesionista, mamá vocal, vecina, amiga…. No me define mi pasado, ni los planes que tengo para el futuro. No me definen mis logros, ni mis errores, ni mis credentials, ni mis derrotas, ni las ventas de mi negocio, ni la marca de ropa que uso, ni la escuela a la que van mis hijos, ni el número de amigos en mi Facebook, ni los likes de mis posts, ni los tennis con los que salgo a caminar, ni los lugares a donde viajo, ni los alimentos que como o dejo de comer, ni el código postal que aparece en mis estados de cuenta, ni los números que hay en ellos, ni los obstáculos que he me han tocado vivir… Nada de eso define quién soy. Wow!!! Me inunda la emoción. Es taaaaan obvio. No sé por qué lo había olvidado. Quiero sentarme para escribirlo con un plumón permanente y recordarlo siempre.

No encuentro pluma y mi marido empieza a roncar, así que decido regresarle para volverlo a escuchar. Mientras le presto atención a la meditación Deepak habla de cómo las creencias tienen el poder de afectar nuestras actitudes, nuestras acciones y nuestra vida en general. Después explica cómo hay que modificar esas creencias y tener control sobre ellas, no al revés. Una de las creencias que prevalece en las personas es la de “No soy suficiente”. Y yo digo… ¡Bam! Eso es lo que me pasa.

¿Pero cómo me cambio el switch? Porque pensándolo bien eso ya lo sabía y deseo poder enseñárselo a mis hijos. ¿Cómo puedo transformar esas creencias que definitivamente no me están ayudando para nada? Deepak dice que nos convertimos en lo que creemos y por lo tanto hay que meditar (por supuesto, para ponernos en contacto con tu verdadero Yo) pero además que hay cuatro creencias principales que básicamente hay que creerse (ahí está el detalle chato, como diría Cantinflas).

Estas creencias son:

  • I am loving and lovable – soy amorosa y amada
  • I am worthy – soy valiosa
  • I am fulfilled and whole – estoy satisfecha y completa
  • I am safe and trusting – estoy segura y confiada

Esencialmente debemos borrar las antiguas creencias y substituirlas por éstas y eso es lo que trabajaremos en su 21-Day Meditation Experience. Pues ya estás Deepak, I am in! Sonrío mientras abrazo a mi esposo. Me siento renovada, con esperanza, liberada y agradecida. Ahora sí estoy lista para dormir. Mañana escribiré las creencias en mi espejo. Y a partir de ahora me exigiré menos y me amaré más.

Tú también puedes hacerlo.

Con amor,

Rocío

© 2015 Rocío Río de la Loza