Los peligros del microondas

Los hornos de microondas fueron introducidos en la década de los setenta y trabajan con una forma de radiación. Es verdad que calentar en el horno de microondas es muy conveniente, pero existen varios argumentos que cuestionan la seguridad de este popular electrodoméstico.

  1. El horno microondas hace que los envases de plástico liberen tóxicos cancerígenos.1 Estos son interruptores endócrinos y pueden ser también causa de infertilidad y defectos de nacimiento.2
  2. Es especialmente peligroso para cocinar alimentos grasosos, ya que éstos son receptores de los tóxicos liberados por los contenedores de plástico.
  3. La fricción molecular de los hornos microondas destruye las vitaminas y los fito-nutrientes (los minerales no se ven afectados).3
  4. El horno microondas perturba la armonía natural de las moléculas de agua en los alimentos, lo que conduce a un patrón molecular desordenado y a un equilibrio interno perturbado.4

Intenta mejor calentar en un horno convencional, ya sea de gas o eléctrico, y en una olla o sartén. Esto además garantiza la inocuidad de los alimentos, ya que se la comida se calienta uniformemente y alcanza las temperaturas adecuadas para matar algunos bichos, causantes de infecciones gastrointestinales. Si decides deshacerte de tu aparato, además de salvar tu salud estarás haciendo un ahorro para el planeta y tu bolsillo, ya que se requieren muchos recursos naturales para generar la energía eléctrica.

Si de todas formas eliges utilizar el horno microondas calienta tus alimentos y/o bebidas en un recipiente de vidrio o cerámica con tapa. Sobre todo asegúrate de que tengan la leyenda “seguro para microondas”.

Referencias:

  1. The Hidden Hazards of Microwave Cooking www.health-science.com
  2. Does Plastic in Microwave Pose Health Problems? http://geti.in/1fZoqkl
  3. Microwave Ovens Destroy the Nutritional Value of Your Food www.naturalnews.com
  4. Microwave Oven Factsheet by the Institute of Integrative Nutrition

© 2015 Rocío Río de la Loza

Cultiva chiles en maceta

Cultivar chiles en una maceta es sencillo y una excelente forma para iniciarte en esto de la agricultura urbana. Además de tener chilitos frescos para tus salsas y moles tendrás un hermoso objeto de decoración para el patio o la cornisa de la ventana. Con el clima apropiado pueden durar durante todo el año. Existen muchas variedades de chiles y pimientos aptas para este proyecto. Elige las que más te gusten. Sus brillantes colores y divertidas formas adornarán tu hogar ¡y por su puesto que engalanarán tu cocina con sus fieros sabores!

Necesitas un semillero o un envase extendido con mínimo 5cm de profundidad (como una charola de plástico que hayas reciclado o una botella de PET de 1 litro partida por la mitad longitudinalmente), un paquete de semillas orgánicas, compost (abono orgánico que resulta de la composta), tierra negra y la maceta donde crecerá la planta. Esta última puede tener hasta 20cm de diámetro.

Para comenzar coloca en la charola una mezcla de 80% de compost y 20% de tierra. Humedece bien con un rociador. Si no lo tienes a la mano crea uno con una botella pequeña de PET limpia. Con la botella cerrada haz pequeños agujeros con un clavo o tenedor pinchamango en la tapa. Llena con agua y deja caer pequeñas gotas sin empapar por completo la tierra, de otro modo quedará apelmazada. Siembra las semillas esparciéndolas sobre la charola. Cubre con una capa ligera de compost (como de medio centímetro). Colócala en un lugar donde le dé luz y se mantenga a una temperatura entre 18ºC y 21ºC. La temperatura mínima durante la noche no debe ser menor a 15ºC.

Riega cada tercer día o las veces que sea necesario para mantenerla húmeda. Ten cuidado de no poner demasiada agua porque entonces no crecerán. Si dos brotes comienzan a salir en el mismo lugar retira el más débil. Una vez que las plantas tengan dos hojas o alcancen 10cm de altura transfiere a la maceta que hayas elegido.

Si los deseas nutre tu planta con alimento orgánico líquido cada dos semanas (una vez que aparezcan las flores). Algunas matas conforme crecen requerirán soporte así que puedes enterrar junto al tallo principal una rama, un palillo chino o un palito de bamboo. Los frutos aparecerán una vez que las primeras flores se hayan ido. Para fomentar el desarrollo de más frutos cosecha los chiles regularmente. Conforme maduran el color y el sabor incrementan pero todas las variedades pueden cortarse cuando están verdes (lo que importa es que alcancen un tamaño razonable). Esto estimula la planta para crear nuevas flores y darte más frutos.

Para secar tu cosecha utiliza una manta gruesa de algodón y una buena aguja para coser los chiles por el tallo (cuerpo hacia abajo) en hileras. Cose todos los que tengas y cuelga la manta en tu cocina en un lugar ventilado. O simplemente ata montones por el tallo con un cordón y cuelga con los chiles boca abajo. Una vez que estén bien secos (cuando al agitarse suenen como una sonaja) puedes descolgarlos y guardar en frascos de vidrio dentro de la alacena. ¡Utiliza tus semillas para cultivar nuevas plantas! Son un original regalo y es una forma de propagar la cultura sustentable.

Recuerda que la parte más picante del chile es la vena (carnosidad blanca que sostiene las semillas en el interior), así que al prepararlos para comer desprende esta parte y desecha junto con las semillas. Recuerda no tocarte los ojos u otras partes sensibles porque podrás enchilarte con facilidad. Si tu cosecha es muy picante mejor utiliza guantes para esta maniobra.

En la cocina los chiles son ingredientes muy versátiles. Es posible crear una infusión con vinagre o aceite. Así como preparar salsas, conservas, chutneys y condimentos. Por ejemplo, agrega una mezcla de chiles secos picados finamente a un bote pequeño con sal de mar en grano y las especias secas de tu preferencia (como orégano, tomillo y romero) para crear una marinada perfecta para verduras y carnes cocinadas en el asador.

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Siete vegetales para sembrar en primavera

En primavera, cuando los días comienzan a ser más soleados es el tiempo perfecto para trabajar en tu huerto. La agricultura urbana es más sencilla de lo que crees. Ya sea en macetas, almácigos o camas, durante los meses de abril y mayo siembra maíz, frijol, calabaza, papas, pepino, perejil y lechuga.

Sigue los siguientes consejos:

  1. Prepara la tierra con compost y fertilizantes orgánicos unas dos semanas antes para que le dé tiempo de mezclarse bien.
  2. Antes de plantar recuerda que la profundidad del agujero depende del tamaño de la semilla. El hoyo debe ser tres veces más grande que el tamaño de la pepita acostada.
  3. Para aumentar la probabilidad de que la semilla germine pon de 2 a 3 semillas en cada agujero.
  4. Toma en cuenta que la Luna tiene una influencia sobre los cultivos. El mejor momento para sembrar hortalizas de hojas como la lechuga es durante el cuarto creciente.
  5. Mantén la humedad apropiada. Para saber si debes regar simplemente toma un puño de tierra entre tus manos, aprieta y suelta. Si se desmorona quiere decir que le falta agua, si escurre pues no lo riegues hasta que seque un poco. La condición idónea es cuando al abrir la mano se queda la forma de tu puño.

La distancia que debes mantener entre plantas es la siguiente:

  • Maíz: 60-90 cm
  • Frijol: 30 cm
  • Calabaza: 45 cm
  • Papa: 20 cm
  • Pepino: 45 cm
  • Perejil: 20 cm
  • Lechuga: 25 cm

Si vas a sembrar en una cama traza una línea imaginaria en forma hexagonal para que la distancia entre planta y planta sea la misma. Coloca una semilla en cada una de las esquinas y otra en el centro del hexágono. Más adelante se tocarán las hojas, reduciendo la evaporación y limitando el área para que crezca la maleza.

El maíz prefiere un terreno donde le dé mucho sol, que esté bien abonado y sea rico en nitrógeno. Idealmente para preparar el suelo puedes sembrar chícharos, alubias o lentejas para fijar el nitrógeno en la tierra. La temperatura de ésta debe ser alrededor de 15.5 °C, si está muy fría la semilla podría pudrirse. Así que si no estás segura puedes esperar a finales de mayo o principios de junio para sembrarlo.

Para el control de plagas incluye lo siguiente entre tus hortalizas: aromático romero para atraer a los insectos benéficos, cebollín para impedir hongos, ajo para espantar a los pulgones y menta para mantener a las hormigas alejadas.

¡Anímate a dar el paso que necesitas para comenzar ese huerto que tanto tiempo llevas anhelando!

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Cómo transformar a tu localidad en una ciudad comestible

Muchas veces me pregunto ¿por qué siembran tantas palmeras en los camellones y glorietas de Querétaro y no árboles y arbustos nativos? Estos estarían más acostumbrados al clima y propiciarían la restauración de la flora y fauna de la región. Querétaro está creciendo de una manera increíble. Para donde volteas están construyendo, la mancha urbana de la capital cada vez se extiende más como una sombra voraz que va acabando con los montes y las matas de este bello semi-desierto. Casi todos los fraccionamientos nuevos tienen palmeras y en el mejor de los casos tabachines y jacarandas. ¿Pero por qué no sembrar árboles frutales? Utilizar áreas como camellones y paradas de autobuses para crear huertos urbanos. ¡Enverdecer lo gris! Pero no sólo con jardines de cactus, suculentas y más palmeras. Sino con frutas y vegetales que provean alimentos para los ciudadanos.

Sé que suena un tanto complicado pero se está haciendo en otros países y yo creo que Querétaro podría ser una excelente metrópoli para comenzar esta tendencia en nuestra nación. La localidad alemana de Andernanch, cuna del genial poeta Charles Bukowski, se ha transformado en una icónica ciudad comestible. Desde el 2010 el gobierno municipal consiente a todos los ciudadanos cultivar frutas, vegetales y hierbas en parques públicos y otras áreas verdes destinadas para ese efecto. Esta campaña permite a los residentes comer sano y apreciar los productos regionales.

Desde cebollas y zanahorias hasta uvas y manzanas. Para educar a la población sobre la diversidad de cultivos un año se sembraron variedades de jitomates, mientras que otro de frijoles y otro más de fresas. Además se han sumado otras iniciativas como “El Gran Proyecto de las Abejas” que incentiva a los colegios y sus estudiantes a sembrar flores amigables con estos insectos. Así mismo, se creó una escuela móvil en un camión para crear conciencia alrededor de la ciudad y a lo largo de todo el año.

En Andernanch todo el mundo puede disfrutar de los alimentos que ahí se siembran. Los letreros de “prohibido pasar” han sido substituídos por “cosechar está permitido” o “siéntase libre de cosechar”. El municipio destina los recursos económicos y un grupo de personas son los que organizan de manera general estos espacios pero lo interesante es que cualquiera puede unirse a sembrar, deshierbar o cosechar. Existe también un grupo de voluntarios que trabajan de manera permanente. Esto ha tenido además beneficios sociales para unir a los vecinos de la comunidad. Adicionalmente, en las afueras de la ciudad hay más hectáreas de cultivo y tienen un establo y gallinas, los productos que no son cosechados por el público general son vendidos a precios súper accesibles en una tienda de descuento.

Por otro lado, en la capital inglesa están germinando programas similares. Algunos han nacido de grupos activistas como parte de la guerrilla de jardinería (gardening guerrilla), la cual consiste en sembrar de manera “ilegal” en espacios públicos, que son percibidos como descuidados o abandonados por sus dueños legítimos, desde banquetas hasta terrenos baldíos. Generalmente estos grupos trabajan de noche aunque algunos a plena luz del día para generar más publicidad. El proyecto “La Parada de Autobús Comestible” (The Edible Bus Stop) surgió literalmente en un espacio descuidado junto a una parada de autobús en Stockwell, al sur de Londres, como un jardín comunitario de la guerrilla pero ahora cuenta con la aprobación total del municipio y el apoyo de la comunidad. La idea es crear a lo largo de la ciudad una serie de huertos que transformen a la ruta 322 (de Clapham Common a Crystal Palace) en la primera ruta comestible. Parte de la visión de sus fundadores es incluir la estética paisajista y demostrar que el diseño de alta calidad puede lograrse con pequeños presupuestos y que no es exclusiva de las élites sociales. De este modo diseñan hermosos huertos comunitarios que en lugar de estar cercados y escondidos están a la vista de todos para su disfrute. Demostrando que cambiando brutalmente espacios públicos tan aburridos como las paradas de autobuses se puede elevar el espíritu de los residentes y mejorar la experiencia cotidiana de la vida urbana.

¿Imaginas la glorieta de Bernardo Quintana y Constituyentes convertida en huerto? ¿Qué tal el camellón de Zaragoza? ¿O una huerta frutal dentro del Parque Bicentenario? Enverdecer lo gris con lo verde. Más allá de una azotea con pasto artificial o una pared con plantitas plásticas. Me encanta la idea de proveer a los queretanos la oportunidad de sembrar, podar y cosechar alimentos en la vía pública. ¿Quizá podemos empezar por proponerles algo a las autoridades de nuestro vecindario?

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¿Cómo saber si un juguete es amigable con el medio ambiente? Checklist para mamá

JuguetesParece que muchos fabricantes se han sumado al compromiso de producir juguetes sustentables para nuestros pequeños. Antes de comprar revisa siempre las etiquetas, certificaciones y demás sellos. Utiliza este checklist para revisar que lo que adquieres es realmente “verde” y no sólo un truco publicitario del productor.

  1. Los materiales o una parte de ellos son reciclados y/o reciclables.
  2. La madera está certificada y proviene de bosques manejados sustentablemente.
  3. Están confeccionados con hilos naturales como lino, algodón o lana.
  4. El algodón es certificado 100% orgánico.
  5. No sé maltrató a ningún animal para obtener algunas de sus partes.
  6. Las telas están teñidas con colorantes naturales.
  7. La pintura está libre de plomo y otras sustancias tóxicas.
  8. El embalaje es mínimo o inexistente.
  9. Su empaque es reusable o está fabricado con materiales reciclables.
  10. Tiene una huella de carbono baja.
  11. Proceden de artesanos o empresas locales.
  12. Están elaborados a mano o con técnicas artesanales.
  13. Sus fabricantes recibieron un pago equitativo y trabajaron en condiciones dignas (como el sello de Comercio Justo).
  14. No requieren baterías ni conexión eléctrica.
  15. Utilizan energías renovables (como cargadores solares).

 

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Conoce estos compuestos tóxicos en productos para el hogar

 

Crea tu propia composta

 Si dejas una pila de hojas, cáscaras de naranjas y otros desperdicios orgánicos en tu jardín simplemente comenzará a desintegrarse y tal vez atraigas insectos y roedores a tu propiedad. Pero si lo que deseas es producir tu compost entonces debes hacer algo más. Ni tan complicado ni tan asqueroso como suena elaborar tu propia composta es un procedimiento simple que requiere de la magia del tiempo y del trabajo arduo de pequeños organismos.

La base del compostaje es que la materia vegetal es descompuesta por microorganismos aeróbicos, ya sean bacterias u hongos, que requieren oxígeno para vivir y nitrógeno para romper y transformar la celulosa. Durante el proceso de transformación se genera mucho calor, la temperatura mata las semillas de las “hierbas malas” y los organismos no deseados. Mientras más nitrógeno haya más rápido será el proceso. Así que para acelerar el trabajo es importante proveer los elementos que los organismos que hacen la composta necesitan: oxígeno, humedad y nitrógeno.

El oxígeno se provee a través de ventilación, dependiendo del sistema que se use o del modelo del contenedor o compostero. La materia orgánica seca (como hojas) aporta carbono que se convierte en energía. La humedad se genera a través del riego o dejando que caiga la lluvia en caso de que el contenedor no tenga tapa y esté al aire libre. Y el nitrógeno puede provenir de estiércol de animales de corral, sangre, verduras y hojas con alto contenido de dicho mineral.

¿Qué se pone en la composta? Los esenciales son hojas verdes de los árboles, arbustos, restos de pasto (al cortar el jardín por ejemplo), hojas secas, varas, ramas, troncos cortados en pedazos más pequeños, residuos de frutas y verduras y aserrín. Estos son de rápida descomposición. También se pueden agregar bolsas de té, granos de café o restos de café molido, cascarones de huevo, cenizas de la chimenea (de madera), cartones de huevo cortados en pedacitos, cajas de cereal de cartón despedazados, papel picado o triturado, servilletas de papel, periódico cortado en tiras, lana, paja y heno. A estos se les denomina de lenta descomposición.

Evitar carne de res, cordero, cerdo y pescado, productos derivados de la leche, alimentos que contengan levaduras, aceites vegetales como el de maíz, grasas de origen animal como la manteca, plantas enfermas y/o con plagas, ceniza de carbón, pañales desechables, desechos de perros, gatos y otras mascotas, papel de revista, ilustraciones, filtros de cigarro y telas sintéticas. Los productos de origen animal tardan más tiempo en descomponerse, pueden producir malos olores y atraer animales.

En las ciudades, sobre todo si se habita un espacio pequeño, es común utilizar un compostero urbano, que habitualmente tiene en la parte superior una tapa para mantener el calor y evitar que entre la lluvia y una puertita en la parte inferior para poder sacar la materia que ya esté lista.

El proceso en estos composteros comienza con una base de tierra, después una capa de ramas y troncos para facilitar la ventilación. Después una buena mezcla de materiales de lenta y rápida descomposición. Si la mezcla aparenta estar seca hay que humedecer con una regadera. Debe quedar mojada pero que no se vean líquidos en el fondo. Algunos recomiendan añadir una capa de aserrín cada vez que se agrega algo al contenedor. Y eso sí, es importante mezclarlo bien con lo que ya había adentro, es decir, los materiales nuevos con los antiguos. Y se puede hacer con una pala o un trinche. Esto favorece que haya oxígeno para los microorganismos y se evite la aparición de bichos indeseables como la mosquita de la fruta. Si se desea se puede agregar estiércol de animales de corral periódicamente. El proceso puede tardar de 6 a 8 semanas o inclusive meses, dependiendo de la mezcla que tengas. Es cuestión de paciencia.

A la materia que resulta de la descomposición aeróbica se le denomina compost, el cual sirve como alimento para tu jardín, tus macetas y todo lo que has plantado en tu hermoso huerto.

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