¿A dónde fueron las abejas y qué podemos hacer para salvarlas?

abejasHace poco ví dos documentales acerca de las abejas que cautivaron mi atención y movieron mi corazón, The Vanishing of the Bees y Queen of the Sun. Ambos muestran una realidad que no conocía: las abejas están desapareciendo. Y sin abejas no hay polinización, lo cual presenta una amenaza a la producción de alimentos. Por tanto, todos debíamos de estar preocupados y dispuestos a ser parte de las soluciones. Por ese motivo decidí dedicar un espacio amplio para presentar los retos que tiene la apicultura orgánica y las acciones que son parte de nuestra responsabilidad como consumidores verdes. Esta investigación contiene tres partes principales, primero la naturaleza de las abejas, segundo su función en el medio ambiente y su importancia económica, tercero la apicultura orgánica y lo que podemos hacer para ayudar a las abejas a sobrevivir el tóxico entorno que actualmente las rodea y las causas que han diezmado sus colmenas.

Comprendiendo a estos insectos
En la última década ha existido un fenómeno en la apicultura en el cual las abejas abandonan súbitamente su colmena sin razón aparente. Millones de abejas desaparecen sin dejar rastro, no hay cadáveres dentro del panal, ni afuera, ni alrededor del apiario. Tampoco se les avista zumbando en los terrenos aledaños. Simplemente se esfuman. A este fenómeno se le denomina en inglés como Collony Collapse Disorder o problema de colonias que colapsan.

El primer apicultor en contarle al mundo de su existencia fue el estadounidense David Hackenberg, encargado de más de 3,000 colmenas, quien en el 2006 sacó a la luz este gigante acontecimiento en los Estados Unidos de América. Acto seguido apicultores de Europa expresaron que estaba sucediendo lo mismo con sus colmenas. Las abejas adultas abandonaban la colonia, dejando atrás una caja llena de miel, polen, larvas, una reina y tal vez unas cuantas trabajadoras. Llenando a apicultores y científicos de temor, ansiedad y un sin fin de preguntas.

Pronto el mundo descubrió que se trataba de un fenómeno global. Gracias a numerosos estudios más tarde se reveló que se trata de un pesticida sintético que daña sus sistemas vitales, desde el aparato digestivo hasta su “sistema de navegación interno”, el cual le permite volar grandes distancias a recolectar el polen y regresar a su panal después de un largo día de trabajo. Es un químico sumamente tóxico que al acumularse en sus cuerpos termina por colapsar su sistema nervioso. El tema es que sin abejas simplemente no hay polinización. Lo cual presenta evidentemente un grave problema para el medio ambiente, las actividades económicas del campo como la agricultura y la apicultura, y lo más importante es que ostenta un peligro para la seguridad alimentaria del planeta.

Las abejas son insectos que viven en una sociedad o colonia y cuya organización social es tan perfecta que una abeja por sí sola puede morir de frío en una noche. Las cajas que les proporciona el hombre para vivir se denomina colmena, y al conjunto de estas es un colmenar o apiario. Cada colmena tiene una reina, cuya función es poner huevos.

La reina es la cohesión de su familia y controla ciertos comportamientos de las obreras. Después están los zánganos (quienes fertilizarán a la reina virgen) y varios tipos de trabajadoras, hay las que limpian las celdas de las cámaras de cría, las nodrizas, las cereras que construyen el panal secretando cera de glándulas en su abdomen, las forrajeras que recolectan néctar, polen, agua y propóleos (las cuatros cosas que una colonia necesita del exterior para poder vivir), las bodegueras que almacenan todo lo anterior, las defensoras o guardias que protegen la entrada y no dejan que entren otras abejas pilladoras u otros animales a robar miel, y las acompañantes de la reina. Esta fascinante organización de la colmena la convierte en un superorganismo, donde la comunidad trasciende a los individuos que la componen. ¿Cómo sería la vida distinta si los humanos imitáramos este sentido de bien común?

abejasLa función vital de las abejas
El papel vital de las abejas es su función de propagar y fecundar a la naturaleza. La polinización es el proceso por el cual las abejas transfieren el polen de una flor a otra, fecundando el óvulo de la flor, haciendo posible la producción de semillas y frutos. El agua, el viento y otros animales (avispas, abejorros, mariposas, colibríes, murciélagos) juegan también un papel relevante, pero las abejas son cardinales para continuar este balance en los ecosistemas. Las plantas necesitan a las abejas para reproducirse y las abejas necesitan de las plantas para subsistir. Esta delicada relación amorosa puede observarse en las formas, colores y aromas que las flores han adoptado para atraerlas.

En países como EUA donde los grandes apicultores hacen su negocio de polinizar hectáreas enteras de monocultivos, las abejas en sí viajan continuamente durante todo el año. Los colmenares son trasladados en trailers durante días completos de un extremo del país al otro. Pasan de campos enteros de almendros a plantaciones de moras azules. El problema es que estos monocultivos cuando no están en flor representan desiertos para las abejas y otros pequeños insectos. Simplemente no hay comida para ellos. Al desaparecer los árboles y las flores escasea el néctar y el polen.

La Apis Mellifera (honey bee en inglés) es la especie doméstica con mayor representación en el mundo, se le conoce como abeja europea y fue introducida a América en tiempos coloniales. Recientemente se ha visto una invasión de “la abeja africana o africanizada” desde Brasil hasta los Estados Unidos, que es una cruza de subespecies de Apis Mellifera. Lo que la caracteriza es que es mucho más agresiva y ha aprendido a adaptarse a condiciones climatológicas mucho más duras. En México y otras partes de nuestro continente la crianza de abejas nativas Meliponas tiene importancia en términos de conservación de biodiversidad. Estas abejas carecen de aguijón y su miel es apreciada por sus propiedades medicinales, conocidas desde la antigüedad por curanderos totonacas de la zona de Veracruz. Existe una estrecha relación de la abeja melipona con la polinización de las especies endémicas del bosque tropical y comercialmente se utilizan para polinizar plantaciones de orquídeas de vanilla y cultivos de chiles y pimientos en invernadero.

Las abejas y su dulce miel han sido reverenciadas en el pasado como lo muestran algunas reliquias de la cultura egipcia. En la época prehispánica grupos totonacas, nahuas y mayas de México y América Central practicaron la meliponicultura. Incluso, mucho antes los hombres primitivos robaban la miel de troncos huecos u hoyos entre rocas. Fue en la edad neolítica que la apicultura nació junto con la agricultura, cuando el hombre aprendió a proteger, cuidar y controlar el futuro de las colonias y proveyó un sitio para elaborar este sagrado alimento.

De acuerdo con la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), México produce 57,000 toneladas de miel por año y es el sexto productor a nivel mundial y el tercer mayor exportador de miel orgánica. Existen más de 40,000 apicultores en todo el país y el 30% de la producción se concentra en Yucatán, Campeche y Quintana Roo. Dichas regiones se han visto afectadas por la siembra de cultivos de soya transgénicos, que contaminan la miel. Ya que el viento y otros factores intoxican los campos de siembras orgánicas. Otros estados productores son Oaxaca, Chiapas, Jalisco, Zacatecas y Morelos. De acuerdo con la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA) la miel orgánica supera en 30% el precio de la convencional. Esta diferencia proviene de la calidad del producto, ya que la orgánica está libre de contaminantes, así como de la metodología con la que se producen.

Apicultura orgánica y nuestra labor
Existen grandes contrastes entre la apicultura convencional y la orgánica, para la cual es necesaria la certificación de los apiarios como unidades de producción. En la convencional se emplean antibióticos y otros medicamentos para tratar a ácaros, hongos y otras enfermedades dentro de la colmena. Es permitido retirar la miel y alimentar a las abejas trabajadoras con una solución de agua y jarabe de maíz de alta fructuosa (probablemente transgénico). De igual manera, es posible controlar a las reinas.

Para empezar, provienen de un criadero donde son inseminadas artificialmente para “mantener la calidad genética de la especie”. Cuando salen del criadero viajan en transportes especializados ya sea por tierra o por aire hasta su nuevo hogar, en ocasiones distancias tan largas como océanos enteros, llegan zarandeadas y asustadas. En segundo lugar, en un ambiente original cuando es momento de dar lugar a una nueva reina, una de ellas sale con parte de las abejas trabajadoras y se forma una enjambrazón en una rama mientras buscan una nueva residencia. Esta división natural no se permite. Al contrario, mucho antes de que sea su término en su ciclo de vida se toma a la reina y se le arranca la cabeza, se regresa a la colmena, para que su aroma sea reconocido por la colonia y “apacigüe” a las demás abejas. Después la nueva reina es introducida en una especie de jaula para que no sea atacada por la colonia. Una vez que las abejas se acostumbran a su aroma, la nueva reina es liberada.

En la apicultura orgánica a través de una selección abierta se eligen las mejores colonias y se fomenta la crianza de reinas de forma natural. La inseminación artificial solamente está permitida para pie de cría, no se permite su introducción a colmenas productoras de miel.

En la práctica orgánica la cera se produce en el mismo apiario y si se compra se asegura que esté libre de químicos (florados y fosforados) y no se utiliza cera irradiada. Así mismo, los apiarios deben de estar a una distancia mínima de 3 kilómetros de radio de los cultivos que utilicen herbicidas y pesticidas de síntesis. Su ubicación no puede estar cerca de zonas industriales, basureros, canales de aguas negras o explotaciones pecuarias. Y por último, la apicultura orgánica prescinde de todo alimento que haya sido procesado industrialmente, así queda prohibido el empleo de azúcar refinada, glucosa, fructosa, substitutos de polen como la harina de soya, leche descremada y levadura de cerveza.

En conclusión, el problema que vemos hoy de colmenas que colapsan se debe a que en la apicultura convencional se manipula la alimentación, la reproducción y la salud de las abejas. Y como si esto no fuera suficiente, los campos que polinizan están llenos de insecticidas letales que paralizan su sistema nervioso. Bayer y Monsanto son algunos de los responsables de esta tragedia.

El hábitat de estos pequeños insectos está seriamente amenazado por el cambio de uso de suelo, la depredación de bosques y otras áreas naturales, la actividad petrolera, la urbanización, la siembra de monocultivos y el uso de pesticidas sistémicos. Con la pérdida de diversidad aumenta el monocultivo, la dependencia de unas pocas variedades de plantas para la alimentación humana y, sobre todo, crece la vulnerabilidad ante las plagas y las enfermedades. Las abejas están en peligro y su desaparición súbita es una señal de alarma del desequilibrio que existe en la naturaleza. Es un llamado para la acción.

¿Qué podemos hacer para ayudarlas?
1. No utilices insecticidas en tu casa o jardín.
2. Adquiere alimentos orgánicos, tus decisiones diarias pueden darle oportunidad a las abejas de sobrevivir.
3. Consume miel orgánica.
4. Siembra flores en tu jardín, en macetas o en el parque de tu colonia. Particularmente plantas amigables con las abejas, consulta con tu jardinero cuales son las más aptas para la región en donde vives.
5. Mantén una fuente de agua limpia en tu jardín o patio.
6. Respeta las áreas naturales protegidas.
7. Iníciate en la apicultura.
8. Visita un santuario para abejas.
9. Haz campaña. Únete a un programa de protección animal o medio ambiental.
10. Aprende más y visita www.vanishingbees.com para ver el documental Vanishing of the Bees y www.queenofthesun.com para ver la película Queen of the Sun.

© 2015 Rocío Río de la Loza