Sustentabilidad y lujo en un solo lugar: destinos ecochic alrededor del mundo

Si eres una de esas mujeres trotamundos apasionada por el cuidado del medio ambiente checa estos increíbles destinos ecochic que ofrecen experiencias turísticas sustentables con todas las comodidades.

El campamento africano Campi Ya Kanzi está ubicado a un costado del Monte Kilimanjaro, afuera del parque nacional Maasai Mara en Kenia. Provee la dinámica de un safari y los lujos de un hotel de cinco estrellas. El campamento es manejado por miembros de la sociedad Maasai y está enfocado en preservar la cultura y biodiversidad nativa. La electricidad de las espectaculares cabañas es generada por paneles fotovoltaicos y la comida es preparada en hornos que utilizan granos de café en lugar de carbón.

Para disfrutar de los paisajes submarinos visita Wakatobi Dive Resort en Indonesia. Está ubicado en un hermoso archipiélago y todo el proyecto está enfocado a preservar el arrecife de coral con mayor biodiversidad del mundo.

Si la montaña es lo que te hace vibrar entonces el hotel suizo Whitepod Alpine debes reservar. Ubicado en la cima de los Alpes, las habitaciones en forma de cápsulas combinan confort, tecnología y estética. Disfruta de un paisaje privilegiado y unas vacaciones inolvidables en la nieve.

Pero si prefieres el calor y la aventura no te pierdas la oportunidad de dormir en las suntuosas tiendas de campaña del hotel Longitud 131 para despertar con la vista más asombrosa del Uluru (también conocido como Ayers Rock), uno de los monolitos más grandes del planeta y el ícono más atractivo del desierto australiano.

 © 2015 Rocío Río de la Loza

La importancia de los suelos

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha nombrado el 2015 como el Año Internacional de los Suelos. Centrando la atención en “un aliado silencioso de la humanidad”, como lo describió el Director General de la FAO, José Graziano da Silva. El 5 de diciembre se celebraba ya el Día Mundial del Suelo, pero dedicar un año completo a este tema muestra la relevancia que mantiene en la salud humana, el cuidado del Planeta y la producción alimentaria.

La FAO estima que dos tercios de todos los suelos se degradan debido a procesos que se derivan de prácticas insostenibles de gestión de la tierra. La degradación se debe a la erosión, compactación, salinización, agotamiento de la materia orgánica y de los nutrientes, acidificación y contaminación.

Otro punto a considerar es que al menos una cuarta parte de la biodiversidad mundial vive bajo tierra, entre los más significativos se encuentran las bacterias y los hongos. Al degradarse los suelos estos microorganismos no pueden hacer su trabajo, que es reciclar los nutrientes, mantener el bienestar de las raíces, ayudar a las plantas para que aprovechen dichos nutrimentos, aumentar la capacidad del suelo para absorber carbono y mitigar la desertificación.

Según la FAO “los organismos del suelo actúan como agentes primarios para la conducción del ciclo de los nutrientes, la regulación de la dinámica de la materia orgánica del suelo, el secuestro del carbono en el suelo y las emisiones gases invernaderos, modificando la estructura física del suelo y el almacenamiento de agua, aumentando la cantidad y disponibilidad de nutrientes para la vegetación y aumentando la salud de la planta. Estos servicios no sólo son esenciales para el funcionamiento de los ecosistemas naturales, sino que constituyen un recurso importante para la gestión sostenible de los sistemas agrícolas.” De ahí que la agricultura orgánica ponga tanto hincapié en “nutrir” al suelo, pues es la fuente de vida y sostén.

Así mismo, estos microorganismos juegan también un rol crucial en nuestra digestión, ya que a través de los alimentos que ingerimos se transfieren a nuestro sistema digestivo y constituyen parte de la flora intestinal.

Graziano da Silva explicó que “los suelos sanos no solo constituyen la base para los alimentos, combustibles, fibras y productos médicos, sino que también son esenciales para nuestros ecosistemas, desempeñando un papel fundamental en el ciclo del carbono, almacenando y filtrando el agua, y mejorando la resilencia ante inundaciones y sequías”.

Hoy en día la situación de los suelos es crítica. Como respuesta la FAO ha realizado varios proyectos, entre ellos El Mapa Mundial de los Suelos (en colaboración con la UNESCO), Atlas de Suelos de America Latina y el Caribe, la Alianza Mundial por el Suelo y el Fondo para Suelos Sanos, que funciona como brazo operativo de la Alianza.

La FAO nos invita a desempeñar un papel activo en la promoción de la causa. Para más información visita: el Portal de Suelos de la FAO: www.fao.org/soils-portal/es.

© 2015 Rocío Río de la Loza

La huella ecológica: ¿Cómo saber cuántos recursos utilizamos?

La humanidad necesita lo que la naturaleza le brinda pero ¿cómo saber cuánto estamos utilizando y cuánto nos queda? La Huella Ecológica es un indicador de impacto ambiental, generado por la demanda de las personas que se hace de los recursos existentes en los ecosistemas del planeta. Mide cuanta área de la tierra y del agua requiere una población humana para producir el recurso que consume y absorber sus desechos usando la tecnología existente. De acuerdo con la organización Global Footprint Network (GFN), “las cuentas de la Huella Ecológica Mundial son como los estados de cuenta de los bancos, documentando si estamos viviendo dentro del presupuesto ecológico o consumiendo recursos de la naturaleza más rápido de lo que el planeta puede renovarlos”.

La Huella Ecológica es una herramienta que puede medir desde a un solo individuo hasta una nación entera. Hoy la humanidad utiliza el equivalente de 1.4 planetas cada año. Esto significa que ahora le tarda a la Tierra un año y cinco meses para regenerar lo que utilizamos en un año. El 50% de la Huella Ecológica proviene de la Huella de Carbono, la cual mide las emisiones de gases de efecto invernadero de un individuo, organización o país. Así mismo es posible medir la Huella Personal de cada uno. Lo cual nos indica qué tan cerca estamos a la meta de llevar una vida sostenible. Si quieres saber cuánta área terrestre se requiere para mantener tu estilo de vida y cuáles son las acciones que puedes realizar para disminuir tu impacto visita la calculadora en www.footprintnetwork.org.

El Fondo Mundial para la Naturaleza (World Wide Fund for Nature) reconocido mundialmente por sus siglas en inglés WWF y el logotipo de un oso panda, es la red de organizaciones no gubernamentales más grande del planeta. Fue fundada en 1961 por el biólogo británico Sir Julian Huxley con la finalidad de trabajar principalmente en cinco áreas de conservación: aguas y agricultura, bosques, cambio climático, especies y mares y costas. Su objetivo principal es promover el compromiso de gobiernos, empresarios, instituciones sociales, educativas y particulares para implementar acciones concretas que detengan la degradación ambiental de la que es objeto la Tierra. WWF trabaja en México desde 1990 alcanzando resultados de conservación relevantes que simultáneamente benefician a las comunidades locales mediante la preservación de la vasta diversidad biológica del país, el fortalecimiento de los lazos entre el desarrollo socioeconómico y la conservación, la restauración de ecosistemas degradados y el impulso de la conciencia y la participación social.

La WWF se caracteriza por popularizar la perspectiva de “un solo planeta”. Es decir, actuar y vivir asumiendo que solamente hay uno y que debemos reducir nuestra huella ecológica. Cada año realiza un reporte de la situación ambiental global titulado Informe Planeta Vivo. En la edición de 2014 se hace evidente la tremenda presión a la que estamos sometiendo al planeta. “Latinoamérica ha perdido el 83% de las poblaciones de peces, aves, mamíferos, anfibios y reptiles en los últimos 40 años. Ese impacto en la vida silvestre es mayor que las pérdidas globales en el mismo periodo, que son de 52%.” En otras palabras, en menos de dos generaciones el tamaño de las poblaciones de animales vertebrados en el mundo se ha reducido a la mitad. Estas especies constituyen el sustento de los ecosistemas y son un barómetro de las atrocidades que estamos cometiendo contra el medio ambiente.

De acuerdo con el informe “la Huella Ecológica suma todos los bienes y servicios ecológicos que demanda la humanidad y que compiten por el espacio. Incluye la tierra biológicamente productiva (o biocapacidad) necesaria para los cultivos, las tierras de pastoreo y las tierras urbanizadas; zonas pesqueras y bosques productivos. También incluye el área de bosque requerida para absorber las emisiones adicionales de dióxido de carbono que los océanos no pueden absorber.” Definitivamente hemos excedido la biocapacidad de la Tierra pero todavía hay mucho que podemos hacer para cambiar esta realidad. Te invito a que conozcas más y leas el Informe Planeta Vivo 2014, el cual puedes descargar en esta liga

www.wwf.org.mx/quienes_somos/informe_planeta_vivo/.

© 2015 Rocío Río de la Loza

¿A dónde fueron las abejas y qué podemos hacer para salvarlas?

abejasHace poco ví dos documentales acerca de las abejas que cautivaron mi atención y movieron mi corazón, The Vanishing of the Bees y Queen of the Sun. Ambos muestran una realidad que no conocía: las abejas están desapareciendo. Y sin abejas no hay polinización, lo cual presenta una amenaza a la producción de alimentos. Por tanto, todos debíamos de estar preocupados y dispuestos a ser parte de las soluciones. Por ese motivo decidí dedicar un espacio amplio para presentar los retos que tiene la apicultura orgánica y las acciones que son parte de nuestra responsabilidad como consumidores verdes. Esta investigación contiene tres partes principales, primero la naturaleza de las abejas, segundo su función en el medio ambiente y su importancia económica, tercero la apicultura orgánica y lo que podemos hacer para ayudar a las abejas a sobrevivir el tóxico entorno que actualmente las rodea y las causas que han diezmado sus colmenas.

Comprendiendo a estos insectos
En la última década ha existido un fenómeno en la apicultura en el cual las abejas abandonan súbitamente su colmena sin razón aparente. Millones de abejas desaparecen sin dejar rastro, no hay cadáveres dentro del panal, ni afuera, ni alrededor del apiario. Tampoco se les avista zumbando en los terrenos aledaños. Simplemente se esfuman. A este fenómeno se le denomina en inglés como Collony Collapse Disorder o problema de colonias que colapsan.

El primer apicultor en contarle al mundo de su existencia fue el estadounidense David Hackenberg, encargado de más de 3,000 colmenas, quien en el 2006 sacó a la luz este gigante acontecimiento en los Estados Unidos de América. Acto seguido apicultores de Europa expresaron que estaba sucediendo lo mismo con sus colmenas. Las abejas adultas abandonaban la colonia, dejando atrás una caja llena de miel, polen, larvas, una reina y tal vez unas cuantas trabajadoras. Llenando a apicultores y científicos de temor, ansiedad y un sin fin de preguntas.

Pronto el mundo descubrió que se trataba de un fenómeno global. Gracias a numerosos estudios más tarde se reveló que se trata de un pesticida sintético que daña sus sistemas vitales, desde el aparato digestivo hasta su “sistema de navegación interno”, el cual le permite volar grandes distancias a recolectar el polen y regresar a su panal después de un largo día de trabajo. Es un químico sumamente tóxico que al acumularse en sus cuerpos termina por colapsar su sistema nervioso. El tema es que sin abejas simplemente no hay polinización. Lo cual presenta evidentemente un grave problema para el medio ambiente, las actividades económicas del campo como la agricultura y la apicultura, y lo más importante es que ostenta un peligro para la seguridad alimentaria del planeta.

Las abejas son insectos que viven en una sociedad o colonia y cuya organización social es tan perfecta que una abeja por sí sola puede morir de frío en una noche. Las cajas que les proporciona el hombre para vivir se denomina colmena, y al conjunto de estas es un colmenar o apiario. Cada colmena tiene una reina, cuya función es poner huevos.

La reina es la cohesión de su familia y controla ciertos comportamientos de las obreras. Después están los zánganos (quienes fertilizarán a la reina virgen) y varios tipos de trabajadoras, hay las que limpian las celdas de las cámaras de cría, las nodrizas, las cereras que construyen el panal secretando cera de glándulas en su abdomen, las forrajeras que recolectan néctar, polen, agua y propóleos (las cuatros cosas que una colonia necesita del exterior para poder vivir), las bodegueras que almacenan todo lo anterior, las defensoras o guardias que protegen la entrada y no dejan que entren otras abejas pilladoras u otros animales a robar miel, y las acompañantes de la reina. Esta fascinante organización de la colmena la convierte en un superorganismo, donde la comunidad trasciende a los individuos que la componen. ¿Cómo sería la vida distinta si los humanos imitáramos este sentido de bien común?

abejasLa función vital de las abejas
El papel vital de las abejas es su función de propagar y fecundar a la naturaleza. La polinización es el proceso por el cual las abejas transfieren el polen de una flor a otra, fecundando el óvulo de la flor, haciendo posible la producción de semillas y frutos. El agua, el viento y otros animales (avispas, abejorros, mariposas, colibríes, murciélagos) juegan también un papel relevante, pero las abejas son cardinales para continuar este balance en los ecosistemas. Las plantas necesitan a las abejas para reproducirse y las abejas necesitan de las plantas para subsistir. Esta delicada relación amorosa puede observarse en las formas, colores y aromas que las flores han adoptado para atraerlas.

En países como EUA donde los grandes apicultores hacen su negocio de polinizar hectáreas enteras de monocultivos, las abejas en sí viajan continuamente durante todo el año. Los colmenares son trasladados en trailers durante días completos de un extremo del país al otro. Pasan de campos enteros de almendros a plantaciones de moras azules. El problema es que estos monocultivos cuando no están en flor representan desiertos para las abejas y otros pequeños insectos. Simplemente no hay comida para ellos. Al desaparecer los árboles y las flores escasea el néctar y el polen.

La Apis Mellifera (honey bee en inglés) es la especie doméstica con mayor representación en el mundo, se le conoce como abeja europea y fue introducida a América en tiempos coloniales. Recientemente se ha visto una invasión de “la abeja africana o africanizada” desde Brasil hasta los Estados Unidos, que es una cruza de subespecies de Apis Mellifera. Lo que la caracteriza es que es mucho más agresiva y ha aprendido a adaptarse a condiciones climatológicas mucho más duras. En México y otras partes de nuestro continente la crianza de abejas nativas Meliponas tiene importancia en términos de conservación de biodiversidad. Estas abejas carecen de aguijón y su miel es apreciada por sus propiedades medicinales, conocidas desde la antigüedad por curanderos totonacas de la zona de Veracruz. Existe una estrecha relación de la abeja melipona con la polinización de las especies endémicas del bosque tropical y comercialmente se utilizan para polinizar plantaciones de orquídeas de vanilla y cultivos de chiles y pimientos en invernadero.

Las abejas y su dulce miel han sido reverenciadas en el pasado como lo muestran algunas reliquias de la cultura egipcia. En la época prehispánica grupos totonacas, nahuas y mayas de México y América Central practicaron la meliponicultura. Incluso, mucho antes los hombres primitivos robaban la miel de troncos huecos u hoyos entre rocas. Fue en la edad neolítica que la apicultura nació junto con la agricultura, cuando el hombre aprendió a proteger, cuidar y controlar el futuro de las colonias y proveyó un sitio para elaborar este sagrado alimento.

De acuerdo con la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), México produce 57,000 toneladas de miel por año y es el sexto productor a nivel mundial y el tercer mayor exportador de miel orgánica. Existen más de 40,000 apicultores en todo el país y el 30% de la producción se concentra en Yucatán, Campeche y Quintana Roo. Dichas regiones se han visto afectadas por la siembra de cultivos de soya transgénicos, que contaminan la miel. Ya que el viento y otros factores intoxican los campos de siembras orgánicas. Otros estados productores son Oaxaca, Chiapas, Jalisco, Zacatecas y Morelos. De acuerdo con la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA) la miel orgánica supera en 30% el precio de la convencional. Esta diferencia proviene de la calidad del producto, ya que la orgánica está libre de contaminantes, así como de la metodología con la que se producen.

Apicultura orgánica y nuestra labor
Existen grandes contrastes entre la apicultura convencional y la orgánica, para la cual es necesaria la certificación de los apiarios como unidades de producción. En la convencional se emplean antibióticos y otros medicamentos para tratar a ácaros, hongos y otras enfermedades dentro de la colmena. Es permitido retirar la miel y alimentar a las abejas trabajadoras con una solución de agua y jarabe de maíz de alta fructuosa (probablemente transgénico). De igual manera, es posible controlar a las reinas.

Para empezar, provienen de un criadero donde son inseminadas artificialmente para “mantener la calidad genética de la especie”. Cuando salen del criadero viajan en transportes especializados ya sea por tierra o por aire hasta su nuevo hogar, en ocasiones distancias tan largas como océanos enteros, llegan zarandeadas y asustadas. En segundo lugar, en un ambiente original cuando es momento de dar lugar a una nueva reina, una de ellas sale con parte de las abejas trabajadoras y se forma una enjambrazón en una rama mientras buscan una nueva residencia. Esta división natural no se permite. Al contrario, mucho antes de que sea su término en su ciclo de vida se toma a la reina y se le arranca la cabeza, se regresa a la colmena, para que su aroma sea reconocido por la colonia y “apacigüe” a las demás abejas. Después la nueva reina es introducida en una especie de jaula para que no sea atacada por la colonia. Una vez que las abejas se acostumbran a su aroma, la nueva reina es liberada.

En la apicultura orgánica a través de una selección abierta se eligen las mejores colonias y se fomenta la crianza de reinas de forma natural. La inseminación artificial solamente está permitida para pie de cría, no se permite su introducción a colmenas productoras de miel.

En la práctica orgánica la cera se produce en el mismo apiario y si se compra se asegura que esté libre de químicos (florados y fosforados) y no se utiliza cera irradiada. Así mismo, los apiarios deben de estar a una distancia mínima de 3 kilómetros de radio de los cultivos que utilicen herbicidas y pesticidas de síntesis. Su ubicación no puede estar cerca de zonas industriales, basureros, canales de aguas negras o explotaciones pecuarias. Y por último, la apicultura orgánica prescinde de todo alimento que haya sido procesado industrialmente, así queda prohibido el empleo de azúcar refinada, glucosa, fructosa, substitutos de polen como la harina de soya, leche descremada y levadura de cerveza.

En conclusión, el problema que vemos hoy de colmenas que colapsan se debe a que en la apicultura convencional se manipula la alimentación, la reproducción y la salud de las abejas. Y como si esto no fuera suficiente, los campos que polinizan están llenos de insecticidas letales que paralizan su sistema nervioso. Bayer y Monsanto son algunos de los responsables de esta tragedia.

El hábitat de estos pequeños insectos está seriamente amenazado por el cambio de uso de suelo, la depredación de bosques y otras áreas naturales, la actividad petrolera, la urbanización, la siembra de monocultivos y el uso de pesticidas sistémicos. Con la pérdida de diversidad aumenta el monocultivo, la dependencia de unas pocas variedades de plantas para la alimentación humana y, sobre todo, crece la vulnerabilidad ante las plagas y las enfermedades. Las abejas están en peligro y su desaparición súbita es una señal de alarma del desequilibrio que existe en la naturaleza. Es un llamado para la acción.

¿Qué podemos hacer para ayudarlas?
1. No utilices insecticidas en tu casa o jardín.
2. Adquiere alimentos orgánicos, tus decisiones diarias pueden darle oportunidad a las abejas de sobrevivir.
3. Consume miel orgánica.
4. Siembra flores en tu jardín, en macetas o en el parque de tu colonia. Particularmente plantas amigables con las abejas, consulta con tu jardinero cuales son las más aptas para la región en donde vives.
5. Mantén una fuente de agua limpia en tu jardín o patio.
6. Respeta las áreas naturales protegidas.
7. Iníciate en la apicultura.
8. Visita un santuario para abejas.
9. Haz campaña. Únete a un programa de protección animal o medio ambiental.
10. Aprende más y visita www.vanishingbees.com para ver el documental Vanishing of the Bees y www.queenofthesun.com para ver la película Queen of the Sun.

© 2015 Rocío Río de la Loza