Uppercut: Rasurada limpia y a la antigüita

Podría pensarse que en comparación con otros desechos que llegan a los rellenos sanitarios los rastrillos no son de gran importancia. Sin embargo, son artículos que aunque son pequeños utilizamos en grandes cantidades. Un rastrillo se usa entre 5 y 10 veces y después se tira.

En Estados Unidos, por ejemplo, 2 billones de navajas de afeitar se tiran a la basura cada año. Esta industria tiene un valor anual de 10 billones de dólares. Pero el negocio de Gillette, marca adquirida por el gigante Procter and Gamble, no está en los rastrillos desechables sino en las navajas que se compran individualmente, las cuales deben de ajustarse correctamente al mango plástico. Es decir, este modelo de negocio trabaja similarmente a la de las impresoras. Donde los fabricantes obtienen sus mayores ingresos de la venta repetida de costosos cartuchos. A lo largo de su vida útil ¡la tinta vale más que la impresora! De ahí que tanto los cartuchos de tinta como las navajas sean productos de alto valor que continuamente se roban en las tiendas.

Asumiendo que nadie quiere parecerse al Tío Cosa o al Señor de las Cavernas la eliminación del bello facial parece indispensable. ¿Pero qué alternativas existen? Las mujeres pueden optar por la antigua cera o por métodos de depilación definitiva. Que para muchas siguen siendo demasiados caros. Y no conozco muchos hombres que estén dispuestos a utilizar la cera para retirar su bigote. Así que quedan las máquinas de afeitar o rasuradoras eléctricas.

Estas utilizan 15W, que es poco en comparación de otros electrodomésticos comunes, no obstante requieren de energía eléctrica o de baterías (las cuales sabemos que son altamente contaminantes). Y además requieren ser manufacturadas, empacadas, transportadas a su punto de venta, utilizan navajas y es probable que terminen también en los rellenos sanitarios o en algún vertedero clandestino.

Entonces si en el súper mercado encuentras rastrillos desechables que tengan componentes elaborados con materiales reciclados son una mejor opción. De hecho, en el 2012 Schick lanzó al mercado el rastrillo desechable Xtreme 3, el cual utiliza 100% plástico reciclado en su mango y 100% papel reciclado en su empaque. La otra sería dejar al marido llevar un “sexy dirty look”, para que no tenga que afeitarse tan seguido y alargar la vida de su rastrillo.

En realidad, para una rasurada limpia la mejor alternativa es utilizar una clásica navaja de afeitar, a la Clint Eastwood. Lo que en inglés se conoce como “cut-throat razor”. Una especie de arte perdido que sería interesante recuperar. Habría que ver quienes son los animosos que se atreven a pasar una filosa hoja de acero por su rostro. La brocha comúnmente es de pelo de tejón, la hoja es de acero Sheffield y la tira (o asentador) que se utiliza para enderezar, pulir y afilar la navaja es de cuero. Esto podría suponer “un pero” para los veganos. El reto para todos los demás tal vez sería encontrar estos artículos a la venta y aprender a utilizarlos.

Para los menos aventureros existen profesionales que pueden ejecutar una rasurada limpia sin riesgo a sufrir una cortada en el cachete o, peor aún, en el cuello. Estos servicios se ofrecen en algunas peluquerías y en las antiguas barberías, de las que cada vez surgen más.

Un ejemplo es la Peluquería y Barbería UPPER CUT, que ofrece el servicio de afeitado clásico con los mejores productos para el cuidado de la piel masculina que existen en la actualidad. La nostalgia de otros tiempos se deja ver en la decoración. En este establecimiento queretano los clientes se reclinan sobre una hermosa silla mientras que con pulso firme reciben un servicio de primera, que les permite relajarse y hablar de todas esas cosas que les interesan a los hombres. Mientras están ahí pueden tomarse un café o una cerveza de cortesía y hasta salen con los zapatos boleados. Me encanta su hashtag #soyuncaballero. ¡Refiriéndose a que si eres uno debes verte como tal!

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© 2015 Rocío Río de la Loza

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